La sal es cloruro de sodio, un compuesto químico extremadamente estable.
Por eso no tiene fecha de caducidad real: no se descompone, no fermenta y no se pudre. De hecho, se han encontrado depósitos de sal comestible con miles de años de antigüedad.
Entonces…
¿por qué a veces la sal “ya no sirve”?
La respuesta está en su capacidad higroscópica, es decir, su facilidad para absorber humedad del ambiente.
Cuando la sal se expone al vapor de la cocina, al aire húmedo o a recipientes mal cerrados, empieza a apelmazarse. No es que esté mala, pero su textura cambia y deja de comportarse igual al sazonar.
Además, la sal absorbe olores con mucha facilidad.
Si la guardas cerca de ajo, cebolla, especias fuertes, aceite o incluso productos de limpieza, puede impregnarse de esos aromas. El resultado: platillos que saben “extraños” aunque la receta esté bien hecha.
Otro problema común es la contaminación cruzada.
Meter cucharas mojadas, con grasa o restos de comida dentro del salero introduce bacterias y residuos que no deberían estar ahí. La sal no se echa a perder, pero lo que cae dentro sí.

¿Todas las sales se comportan igual?
No.
- Sal refinada: suele contener antiaglomerantes que reducen la humedad, por eso dura más suelta.
- Sal de mar, sal rosa, sal gruesa: son más naturales, pero también más sensibles a la humedad y a los olores.
- Sales saborizadas: son las más delicadas, porque contienen hierbas, especias o cítricos que sí pueden echarse a perder.
Cómo guardar la sal correctamente
✔️ Recipiente hermético
✔️ Lejos del vapor y el calor
✔️ No meter cucharas húmedas
✔️ No colocarla junto a especias muy aromáticas
La sal no muere con el tiempo.
Muere por maltrato culinario.


