Cada 24 de febrero se celebra el Día Internacional del Bartender, una fecha que no nació del marketing moderno ni de la industria del entretenimiento, sino de una tradición histórica que se remonta a la Edad Media.
La fecha coincide con la festividad de Saint Amand, considerado el santo patrono de cerveceros, vinateros y taberneros.
Pero para entender por qué un santo medieval está ligado al mundo de la coctelería moderna, hay que viajar varios siglos atrás.
¿Quién fue Saint Amand?
Saint Amand (San Amando) fue un obispo y misionero del siglo VII que evangelizó regiones de lo que hoy conocemos como Francia, Bélgica y partes de Alemania.
En esa época, la producción de cerveza y vino no era simplemente una actividad recreativa o comercial: era parte esencial de la vida cotidiana. El agua muchas veces no era segura para beber, y las bebidas fermentadas eran una alternativa más estable y segura.
Se dice que Saint Amand promovió la producción organizada y responsable de estas bebidas, especialmente en comunidades monásticas. Los monasterios medievales no solo eran centros religiosos, sino también centros de conocimiento, agricultura y producción artesanal.
Por eso fue adoptado como patrono de:
- Cerveceros
- Vinateros
- Taberneros
Y con el tiempo, por extensión, de los bartenders modernos.
Las tabernas en la Edad Media: el origen social del bar
En la Europa medieval, las tabernas eran mucho más que lugares para beber. Eran espacios sociales fundamentales.
Ahí se:
- Cerraban tratos comerciales
- Compartían noticias
- Discutían asuntos políticos
- Organizaban comunidades
El tabernero tenía un papel clave: no solo servía bebida, sino que administraba un punto de encuentro social.
Podría decirse que el bartender moderno es heredero directo de esa figura.

Del tabernero al bartender moderno
El término “bartender” aparece formalmente en el siglo XIX, especialmente en Estados Unidos, cuando los bares comenzaron a estructurarse con una barra física (bar) que separaba al cliente del servidor.
En ese momento nace también la coctelería como arte.
Uno de los personajes clave en la profesionalización del oficio fue Jerry Thomas, considerado el padre de la mixología moderna. En 1862 publicó uno de los primeros libros de recetas de cócteles, elevando el oficio a una categoría casi artística.
Desde entonces, el bartender dejó de ser solo un servidor de bebidas para convertirse en:
- Creador de recetas
- Maestro del equilibrio entre sabores
- Experto en técnica
- Gestor del ambiente del bar
El bartender como figura cultural
En la actualidad, el bartender cumple múltiples roles:
- Técnico: domina medidas, temperaturas, técnicas de agitado y mezclado.
- Sensorial: entiende balance entre dulce, ácido, amargo y alcohólico.
- Social: sabe leer el estado de ánimo de quien está frente a la barra.
- Cultural: transmite tradiciones líquidas de distintas regiones del mundo.
En muchos países, la coctelería ya es considerada parte de la gastronomía de alto nivel.
¿Por qué el 24 de febrero sigue vigente?
El Día Internacional del Bartender no es una celebración impuesta por grandes corporaciones. Se mantiene viva por tradición en escuelas de coctelería, bares, asociaciones gastronómicas y comunidades del sector.
La fecha honra no solo la bebida, sino el oficio.
Y aunque hoy los bares tengan luces LED y menús sofisticados, el espíritu sigue siendo el mismo que en la Edad Media: crear un espacio de encuentro.
Más allá del alcohol: el oficio
Es importante entender que el Día del Bartender no glorifica el consumo excesivo. Más bien reconoce:
- La técnica
- La creatividad
- La hospitalidad
- La responsabilidad detrás de la barra
El bartender profesional no solo mezcla bebidas. También promueve consumo responsable y cuida la experiencia del cliente.
Conclusión
Desde los monasterios medievales vinculados a Saint Amand hasta la sofisticación de la mixología moderna impulsada por figuras como Jerry Thomas, el oficio del bartender ha evolucionado junto con la sociedad.
El 24 de febrero es una fecha que conecta historia, tradición y cultura gastronómica.
Y detrás de cada barra —sea medieval o contemporánea— hay algo que no cambia: el arte de servir, escuchar y crear momentos.


