Cortar cebolla es una de las tareas más temidas en la cocina, no por su dificultad, sino por las lágrimas que inevitablemente provoca. Sin embargo, existe un truco sencillo y efectivo que pocos aplican: refrigerar la cebolla antes de cortarla.
Este consejo tiene base científica. Cuando una cebolla se corta, sus células se rompen y liberan compuestos que contienen azufre. Al entrar en contacto con una enzima llamada aliinasa, se forma un gas volátil conocido como propantial-S-óxido, el verdadero responsable del ardor y las lágrimas.
El frío como aliado natural
Cuando la cebolla está fría, esta reacción química ocurre más lentamente. Las moléculas se mueven con menor velocidad, liberando menos gas al aire. Esto significa que, al cortar una cebolla recién salida del refrigerador, se libera una cantidad mucho menor del gas irritante, y tus ojos lo agradecerán.

Cómo aplicar este truco correctamente:
- Guarda las cebollas en el refrigerador unos 15 a 30 minutos antes de cortarlas.
- Evita congelarlas, ya que el frío extremo altera su textura y sabor.
- Corta la cebolla con un cuchillo bien afilado para minimizar el daño celular.
- Si eres muy sensible, corta cerca de una corriente de aire o ventana abierta.
Otros trucos complementarios:
- Mantén la raíz intacta el mayor tiempo posible; ahí se concentran más enzimas.
- Usa gafas de cocina si preparas grandes cantidades.
- Corta las cebollas bajo agua fría (aunque esto puede ser menos práctico).
Conclusión:
Refrigerar la cebolla antes de cortarla es un pequeño gesto que puede mejorar enormemente tu experiencia en la cocina. No solo evitarás las lágrimas, sino que podrás concentrarte en lo importante: cocinar con gusto, precisión y alegría.


