No todo lo que sabe bien se disfruta por igual hasta el final.
Una comida puede ser técnicamente correcta y sabrosa, pero aun así generar cansancio en quien la consume. Esto no es subjetivo: tiene una base sensorial y culinaria clara.
1. El paladar también se fatiga
El gusto funciona por estímulos.
Cuando un mismo tipo de sabor domina durante demasiado tiempo —grasa, dulzor, salinidad o intensidad— el cerebro reduce su respuesta. A esto se le llama fatiga sensorial.
El resultado es que, aunque la comida esté rica, deja de ser placentera.
2. Exceso de intensidad
Algunos factores que cansan el gusto:
- Demasiada grasa
- Sabores muy concentrados
- Falta de acidez o frescura
- Platos monocromáticos en textura
Sin contraste, el paladar se satura.

3. El equilibrio como principio culinario
En cocina profesional, un buen platillo equilibra:
- Intensidad y ligereza
- Grasa y acidez
- Suavidad y textura
- Calor y frescura
Este balance mantiene el interés y evita el agotamiento sensorial.
4. Por qué los menús tienen orden
El orden de los platillos no es casual.
Se empieza suave, se aumenta la intensidad y luego se vuelve a bajar. Esto permite que el gusto descanse y siga disfrutando.
Una comida sin pausas ni contrastes cansa, aunque sea sabrosa.
5. Comer bien no es comer más fuerte
La buena cocina busca que el comensal termine satisfecho, no saturado.
Un platillo bien ejecutado deja una sensación limpia, clara y agradable.
Conclusión
Que algo esté rico no garantiza que esté bien equilibrado.
La verdadera calidad culinaria se nota cuando una comida se disfruta de principio a fin sin cansar el paladar. Ahí es donde la técnica y la sensibilidad hacen la diferencia.


